Son las 4 de la mañana suena el
despertador y me levanto con la sensación de no haber descansado nada. Los
950km de coche que me hice el día anterior todavía hacen mella en mi espalda y
en mis piernas.
Ya mi amigo Antonio me espera con
un café caliente para desayunar. Nuestras caras lo dicen todo, ilusión, ansia,
en mi caso, no miedo pero si respeto. Hoy voy a dar un salto hacia lo
desconocido, hoy penetro en un mundo inexplorado para mí.
Poco a poco nos vamos animando,
cargamos las cosas en el coche y nos dirigimos hacia boxes, allí ya nos esperan
David y Ricardo. Al igual que nosotros las mismas caras de ilusión y ansias de
saber de qué pasta estamos hechos. Van
pasando los minutos que sin embargo me
parecen horas, empiezo a sentir un gusanillo en mi estómago que posiblemente
sería preludio de lo que habría de venir.
Son las 6, 15 de la mañana y todos
estamos en la cámara de salida. Sonriendo y conjurándonos nos abrazamos y
recitamos el mantra que nuestro buen amigo Ricardo nos propuso. “SOMOS DUROS
COMO PUTAS ROCAS”. Y no le falta razón, éramos 400 locos que en minutos nos íbamos
a lanzar al agua, simplemente por un sueño, simplemente por saber donde está
nuestro límite. Antonio, nos recomendaba guardar, nos dio consejos valiosos,
que en no mucho tiempo recordaría.
Y allí mismo después de los tres
cañonazos de rigor, salimos en desbandada hacia el agua, 3.800m de pura adrenalina.
Lo que parecía una balsa de aceite empezó a tornarse en un pequeño oleaje que
poco a poco nos iba engullendo. Hasta dos veces me patearon la cara y en sendas
ocasiones las gafas salieron disparadas (gajes del oficio), la verdad es que me
encontré muy bien, relajado, aguantando, sereno sin desperdiciar energías. Esas
energías que no mucho después me sería tan valiosas. La sensación de felicidad
era indescriptible, el agua cálida me limpiaba cualquier miedo que pudiera
haber tenido en el momento del pistoletazo de salida, sin darme cuenta estaba
finalizando la transición de natación,
(1h. 1´), poco desgaste, mucha felicidad.
Como el que no quiere la cosa me
enfrentaba a 180 km de un recorrido que sería épico, a la postre. Salimos de
Salou dirección al primer puerto. Aquí
las fuerzas iban intactas, por lo que empezamos a subir a un buen ritmo. Nada más salir dirección a Cambrils empezó a
llover copiosamente, por lo que el ascenso se hizo más agradable. La lluvia
refrescaba las ideas y las piernas, que poco a poco iban funcionando de una
manera correcta. A medida que coronábamos el puerto de la Mussara de unos 20
km, las buenas sensaciones se elevaban a la enésima potencia. El paisaje
espectacular por sí, se veía resaltado por la lluvia, el olor de la tierra
mojada y el ánimo de público y voluntarios que como si les fuese la vida nos
apoyaban sin fisuras.
A partir de aquí se desató la
locura. Me daba igual el suelo mojado, los coches que se cruzaban por mi
camino, el viento, nada me hacía disfrutar más que el duro paisaje que me
encontraba pedalada a pedalada. Mi GPS marcaba velocidades en las bajadas de
70km /h, cruzaba la bici en las curvas y los propios corredores me llamaban
loco. Pero lo siento estaba poseído, supongo que los efluvios de las tierras
donde se materializa uno de los mejores vinos del mundo me tenía embriagado.
Honestamente el paisaje me tenía secuestrado,
cada recodo, cada curva, cada puerto que subía me descubría un paisaje, un
lugar, un sentimiento inesperado. El culmen fue al llegar a Pobleda (creo que
se llamaba así) allí ya no pude aguantar más y como si tuviera el síndrome de Stendhal, comencé a llorar de
felicidad. Es de las pocas veces que he sentido una paz tan enorme que me dejé
llevar por los recovecos, por las calles, por el paisaje por el que pasaba y me
abandoné a la locura de los pedales. Dios¡¡¡ era absolutamente feliz.
Pasaban los kilómetros y la
humedad y el calor se tornaban preocupantes, el Priorato después de la lluvia
se vio invadido por una humedad y un calor
que se convirtieron en una pequeña tortura que estaba dispuesto a
asumir. Seguimos y seguimos pedaleando.
Antonio ya me advirtió que llegando a
Gratallops íbamos a sufrir. Un ascenso
de escasos 2 km en las que vi en mi GPS hasta un 15% de desnivel.
Poco después empezamos a subir el
último puerto, también muy hermoso, el Coll Roig, con sus molinos de viento a
escasos 50 metros de distancia. A partir de ahí el ansia por llegar se
apoderaban de mí, quería ir más y más rápido y pude ver hasta 75 km/h en mi GPS
en la última bajada.
Y para terminar los últimos 25km
un viento racheado nos acabó de rematar, ahí si empecé a sufrir, Podía más las
ganas de llegar que el viento, pero esos últimos Kilómetros fueron
emocionantes, se acababa la bicicleta y empezaba de verdad la carrera.
Llegué con 7h 20´de la bicicleta
y ya llevaba acumulado 8h 21´entre los dos primeros segmentos. Salí de la transición
y vuala, apareció nuestro amigo el sol, para castigarnos y hacernos aun más
épica la hazaña. 33 grados y una humedad relativa del 85% hacían de cada paso
un esfuerzo increíble. Empecé a correr con buenas sensaciones, me propuse ir a
6´el kilómetro algo totalmente razonable, pero cuando menos me lo esperaba y el
km 10 en el avituallamiento comenzó mi tortura, cualquier sorbo de agua, o líquido lo vomitaba. Fueron
5 veces las que vomité y 32 kilómetros de tortura, de calor, de nauseas
infinitas, de no poder beber, ni comer, algo fundamental para vivir.
Aquí la felicidad empezó a
convertirse en una tortura indescriptible, un suplicio. Cada paso mi cuerpo me
decía, retírate, pero mi cabeza, mi orgullo, mis ganas de vivir me decían que
ni se me ocurriera.
Muchos fueron las voces que me
dijeron vete. Solo una triunfó, la mía.
La última vuelta, fue lo más duro que he vivido en mi vida desde el
punto físico. Mentalmente me conservaba intacto, integro, pero físicamente estaba
destrozado. Sin beber y sin comer desde hacía horas, me estaba matando, lentamente.
Menos mal que en la última
vuelta, empezaron a salir mis ángeles de la guarda donde menos lo esperaba. En
un recodo del camino apareció mi mujer que me acompañó durante 5 km, al que se
añadió el héroe del día mi amigo ANTONIO un ser excepcional que después de
acabar la misma prueba en 11h escasas me acompañó en lo últimos 7km,
animándome, casi llevándome en volandas. No sé cuanto se lo podré agradecer. A
pesar de costarme hasta respirar me hacía reír a cada paso, animaba a todo
aquel que se cruzaba en mi camino.
El último km iba tambaleándome,
casi apoyándome en mi mujer, los gritos, los aplausos, los ánimos casi no los
escuchaba, solo veía la línea de meta, solo veía el fin del dolor, del
sufrimiento.
Llegué y lloré. No de emoción
sino de dolor, de impotencia, joder ¡¡¡
siento una rabia inmensa, siento una frustración que se va tornando en
negrura, negrura que acaba en una camilla y tres bolsas de suero.
No sé porque mi estómago me jugó
esta mala pasada, no se por que quise estar voluntariamente 4 horas sin beber,
ni comer en medio de aquel calor, lo que si se es que lo conseguí. Vencí una
vez más. Es una pequeña batalla ganada en medio de mi guerra. Esta guerra
personal y colectiva que nos ha tocado vivir. Somos fuertes, somos duros como
putas rocas, somos seres enormes. ¿Por qué? Simplemente por que nadie nos
doblegará, por que el único que manda en mi destino soy yo, nadie más. Yo soy
el capitán de mi alma, soy el dueño de mi destino.
Ahora con la distancia, con la
tranquilidad que me da mi hogar, miro atrás y siento orgullo. Un orgullo
indescriptible, pero no por acabar, sino por haber compartido una parte de mi
vida con seres excepcionales, con gente generosa, con personas que a pesar de
no conocerme me miraban con cariño y admiración.
Solo me queda agradeceros a todos
aquellos que me habéis apoyado en este último año, toda vuestras complicidad,
vuestros ánimos, vuestro apoyo incondicional.
Antonio que decir de ti que no te
haya dicho en persona, eres mi ídolo tío y siento una admiración increíble por
ti. Te doy las gracias por tu apoyo, por tu seguimiento. Te doy las gracias a
ti y a Mónica por haberme abierto las
puertas de tu casa y acogerme como alguien de tu familia. Gracias de todo
corazón. Ez algo que me ha marcado tanto como la carrera.
A mi compadre Rafael, que ante
mis dificultades económicas me ha brindado su propio coche, para que me pueda
desplazar hasta la carrera.
A mi hermano y mis padres, estos
ángeles que velan por mí cada segundo de mi vida.
Y mis amigos David, José Antonio López,
Juanlu Beltrán, Juan Carlos que durante estos últimos meses han hecho que dé un
salto enorme con la bicicleta.
Susana, mi vida que decir de ti, tú
que eres mi principal báculo, la que me sostiene incluso cuando me desmallaba
en la llegada. Tú que sufres mis interminables horas de entrenamiento de
ausencias mientras me dejo la piel en las
carreteras y caminos sin rechistar, esta victoria es más tuya que mía,
esta medalla que colgaron en la llegada
es el símbolo y la metáfora de nuestra lucha por salir indemnes. Y no lo
dudes, saldremos.
Solo me queda daros las gracias a
todos por vuestras llamadas, ánimos y saludos. Esto solo es el comienzo de una
larga carrera, esta es solo una primera batalla. Esto es solo el principio.
De todo Corazón Gracias.
Estos son los momentos por lo que merece la pena todo el sufrimiento y el esfuerzo.
Muy emotivo juanlu, pero a pensar en nuevos retos donde podamos disfrutar mas de lo que se hizo en el extrem, y por supuesto que volveremos a sufrir, porque para poder disfrutar se tiene que haber sufrido, y sobre todo piensa que no es solo el día de la carrera sino todos estos meses de entrenamientos que te has metido donde sale el verdadero IRONMAN. Antonio Romero
ResponderEliminarQue emocionante, enhorabuena Juanlu estás hecho un ironman
ResponderEliminarUn abrazo, Rául
Juanluuuuuuuuuuuuuu!!! Duros como putas rocas!!! Pero rellenito de un gran corazón blandito ;)
ResponderEliminar"mancantao", tu relato y aún más tu triunfo personal superando tanto obstáculo y sufrimiento... ahí, ahí, con dos cojones!! Felicidades!!!! Un beso desde muy lejos, Miriam